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El 22 de
marzo es el Día Mundial del Agua y se está
acabando el tiempo para que los organismos donantes emprendan acciones
para afrontar la crisis humanitaria y ecológica que deja
a mil millones de personas sin acceso
a agua potable.
Durante la última década, la Comisión Europea
ha fomentado sistemáticamente
una mayor participación del sector privado en los servicios
de agua y
saneamiento. Sin embargo, experiencias de Bolivia, Guyana, Tanzania
y tantos otros lugares demuestran que los servicios de agua gestionados
de forma
privada no aportan las inversiones ni las mejoras en eficiencia
necesarias para suministrar agua a precios asequibles a los sectores
urbanos pobres.
A pesar de los fracasos, la Comisión sigue promoviendo políticas
y
mecanismos de financiación que alientan la participación
del sector
privado, mientras presiona a los países pobres para que abran
estos servicios a multinacionales europeas.
Reivindicamos que se produzcan cambios en este enfoque, cambios
que reconozcan que el acceso al agua es un derecho humano básico
y que proporcionen a los países pobres el apoyo necesario
para que este derecho se haga realidad.
En el mundo, el 90 por ciento del suministro de agua corriente depende
de organismos públicos que, en países como Brasil,
India y Uganda, están suministrando servicios de agua y saneamiento
a un creciente número de personas. El desafío que
se plantea es seguir avanzando en esta línea con la mejora
de otros proveedores públicos.
Celebramos comentarios aparecidos recientemente que señalan
que la Comisión estudiará la introducción de
políticas de ‘ayuda inteligente’. En materia
de agua y saneamiento, esto debería suponer que la UE:
- Deje de utilizar fondos de
ayuda para facilitar la participación del sector privado.
- Deje de solicitar acceso
a los mercados en las negociaciones comerciales.
- Aumente de forma significativa
las ayudas y las inversiones públicas en el sector.
- Apoye el desarrollo de empresas
públicas fuertes en el Sur Global mediante ‘asociaciones
público-públicas’ que permitan el intercambio
de conocimientos entre proveedores públicos, trabajando
codo con codo con las comunidades locales.
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